martes, 5 de mayo de 2009

Desaparecida

 Parte.I

Nubes púrpura se arremolinaban contra el cielo plateado, sentada en la popa de un galeón  sevillano una joven envuelta en muselina blanca se abrazaba las rodillas mientras el mar balanceaba el barco como si fuera de juguete, la tela empapada se le pegaba a la piel reseca por el aire gélido, y le ardía con el frió intenso del cielo gris, pero ella permanecía inalterable. La sal jamás fue un problema para ella, no sentía la diferencia entre el agua de los pequeños riachuelos de agua dulce en la isla de Juana y la que chocaba con cada ola entre las rocas; el agua era su elemento, agua de río o agua de mar era toda igual para ella. En el pueblo las comadres comentaban que el día que nació, día de San Ignacio 1592 nadie había estado con su madre quien había salido a tomar aire a la playa al frente del palacio de Urbina, dicen los rumores que cuando la encontraron Doña Maria Rocío Rodríguez de Silva y Alda estaba inconciente entre la fina arena dorada y su bebe yacía envuelta en una manta de color azul profundo, limpia como una porcelana china y con los brillantes ojos verdes absorbiendo todo alrededor, entre su frágil cuerpo de recién nacida y la manta yacía un dije de coralina pulida refulgente como un espejo bajo el sol.

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