domingo, 9 de agosto de 2009
martes, 16 de junio de 2009
Amor que se esconde entre los días y las noches
Luz que atraviesa el tiempo y el espacio
El universo se regocija ante tu presencia
Las estrellas celebran que estas aquí
Que te tengo
Que eres mío y solo mío
Que puedes brindarle al mundo esa sabiduría
Anidada en tu grandioso espíritu
Como arcángeles de inmensas alas esperando tomar vuelo
Si el mundo no tuviera tiempo
Y si el tiempo no tuviera un mundo al que aferrarse
Y si mis ojos no tuvieran tu mirada para reflejar
La dicha
Para capturar nuestro interminable amor
Para crecer juntos
Y si el avellana de mis pupilas no pudiera perderse en el oro de tu mirada
Mi mundo no tendría ni derecho ni revés
Caería por el agujero del conejo una y otra vez
Mis estrellas no serían las mismas por que eres la mitad de mi luz
La mitad de mi luna y la mitad de mi sol
Amor se esconde entre los días y las noches
Agua que corre
Miradas que arrastras
Tiempo infinito que se escapa entre los minutos
Como arena entre los dedos
Que sería de mi si no estuvieras aquí?
lunes, 1 de junio de 2009
Cielos Azules
martes, 5 de mayo de 2009
Desaparecida
Nubes púrpura se arremolinaban contra el cielo plateado, sentada en la popa de un galeón sevillano una joven envuelta en muselina blanca se abrazaba las rodillas mientras el mar balanceaba el barco como si fuera de juguete, la tela empapada se le pegaba a la piel reseca por el aire gélido, y le ardía con el frió intenso del cielo gris, pero ella permanecía inalterable. La sal jamás fue un problema para ella, no sentía la diferencia entre el agua de los pequeños riachuelos de agua dulce en la isla de Juana y la que chocaba con cada ola entre las rocas; el agua era su elemento, agua de río o agua de mar era toda igual para ella. En el pueblo las comadres comentaban que el día que nació, día de San Ignacio 1592 nadie había estado con su madre quien había salido a tomar aire a la playa al frente del palacio de Urbina, dicen los rumores que cuando la encontraron Doña Maria Rocío Rodríguez de Silva y Alda estaba inconciente entre la fina arena dorada y su bebe yacía envuelta en una manta de color azul profundo, limpia como una porcelana china y con los brillantes ojos verdes absorbiendo todo alrededor, entre su frágil cuerpo de recién nacida y la manta yacía un dije de coralina pulida refulgente como un espejo bajo el sol.
Solitud (de hace tiempo)

SOLITUd
Estoy sentada allí en un pantano verde, infinitamente verde pero no suave, sino fangoso , uno que no brilla sino que se desliza sigiloso por entre los pies; el aire no es respirable, se puede ver, es verde tambien y traslucido como velos que cuelgan de las ramas.
Luego ábro los ojos y allí estoy sentada en el fango, rodeada por los ruidos de los sapos, los pasos humedos de las tortugas, las canciones de los grillos y las chicharras crujientes; sentada sin undirme en aquel pegote sin remedio, sobre él, nunca debajo...Pero arriesgo a que ceda y me y me trague bajo las burbujas tibias y el vapor verde.
De esta noche oscura, en la que no estoy sola pero se siente así, solo conozco un cielo cuajado de estrellitas que brillan suave como la espuma del mar bajo la luna llena...y este verde infinito contante e irreal.
Hormigas o Palabras
jueves, 5 de marzo de 2009
El otro amor de mi vida
Tenía cuatro años la primera vez que lo vi, fue amor a primera vista. No podía apartarme de él, era tan dulce, sofisticado y elegante que mis ojos y mis manos regordetas de bebe se sentían irremediablemente atraídas por su hipnotizante belleza.
Esa tarde, cuando mi mamá puso sobre mí las suaves medias de hilo rosado, la trusa de algodón negro y la delicada falda de tul, parecía más un juego como cuando solíamos disfrazarnos juntas y ella me dejaba ponerme sus tacones y echarme su perfume.
Gotas diminutas se deslizaban con tenue precisión por la ventana del carro, si me sentaba sobre mis pies desde mi encierro marino, podía ver un bosque de pino y un castillo de piedra, el preludio de mi nuevo mundo. Las rejas de bronce me hacían sentir dentro de uno de mis cuentos de hadas. El lugar era mágico y olía a tierra húmeda, los charcos brillantes en la piedra que cubría el callejón reflejaban trazos de los espíritus que danzaban en los rincones.
Una puerta de madera oscura con cerraduras viejas se abrió para revelar un cosmos infinito de barras y espejos, donde la música resonaba magnifica por entre las tablas del salón.
En el umbral de madera mi mamá me quito los tenis rosados que olían a chicle y puso sobre mis pies las zapatillas de lienzo, nunca volví a ser la misma. Solté su la mano y guiada por una profesora aun sin rostro, pase a ser parte de un pequeño barullo, amontonadas en el piso había varias niñas que compartían mi ansiedad. Nunca me imagine que aquel lluvioso día conocería el otro amor de mi vida.
-“A la barra muñecas, tres pliés en primera y tres ronde de jambe, manos en quinta posición todo el tiempo-“Resonaba las voz gruesa de la profesora Janet, una cubana rolliza de pelo negro y corto, que parecía tener ojos en todas partes y llamaba al orden como en un regimiento. -“Eso no es un plié, parecen haciendo pipi… Entra la nalga María. Espalda derecha Camila, mentón arriba Clara - gritaba con desespero y algunas veces solía asustar a mis distraídas vecinas de barra. Pero a mi no me importaba, cada día esperaba con ansias la hora de clase por alguna razón mi alma se negaba a abandonar la oportunidad de recorrer el salón en tres grandes saltos y sentir como flotaba libre al compás de una melodía eterna que salía de la vieja grabadora en la esquina.
Él es el otro amor de mi vida, el refugio, el amante furtivo y siempre fiel. Todavía siento mariposa en el estomago cuando me pongo las medias de hilo rosado y la trusa. Es una ceremonia, es sagrado, una ofrenda a lo más profundo de mi alma, a la niña enamorada de cuatro años que no paraba de bailar ni siquiera fuera del salón; me recojo el pelo en una moña, me pongo las zapatillas y me amarro las cintas de satín, liberándome por un instante de mi propia mortalidad como tantas otras antes de mi. Los espejos y la madera, la música y el movimiento me hacen sentir sureal, etérea, como aquel espíritu del bosque. Por un momento nada existe solo él mis zapatillas y yo, en un idilio sin final, uno solo hasta que la muerte nos separe.
